Barrios con siesta: vivir como en un pueblo a minutos del Obelisco

Son "islas" dentro de Liniers, Flores, Agronomía o Núñez; en sus calles todos se conocen y todavía se juega a la pelota en las plazas
Por María Pagano
  


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Hora de hacer las compras en el barrio Rawson, de Agronomía. Foto: Soledad Aznarez (Click para ver galería)   
5/8/14

A dos cuadras de la estación Liniers, el tumulto y el tránsito de la avenida Rivadavia de pronto se apagan, y el paisaje se transforma en un conjunto de casitas bajas, separadas por un laberinto de pasajes con nombres de flores, como Mburucuyá, y de pájaros, como El Zorzal. Por la esquina de Cosquín e Ibarrola pasa Lucas Guillén, de 23 años, junto a su perro. Como desde hace más de una década, quedó en ir a jugar a la pelota con sus amigos en la plaza y, más tarde, en ir a cenar a lo de su abuela.

"Acá nos conocemos todos los vecinos, es muy tranquilo", explica Josefina, la abuela, mientras conversa con su nieto en la vereda. Lucas trabaja en un estudio contable a la vuelta de su casa, a media cuadra de lo de sus tíos y a no más de cinco o seis de lo de sus amigos de la infancia. "Lo más común en verano es cortar un pasaje y hacer un asado o jugar a la pelota", dice.

Se trata del barrio "De las mil casitas", construido en la década del 20 para los empleados ferroviarios, y en el que, al igual que en otras zonas de Buenos Aires, todavía se encuentran retazos de la vida de otros tiempos, donde los vecinos se conocen y el horario de la siesta se respeta.

Además de la plaza, otro de los puntos de encuentro del barrio es la carnicería de Carhué y Tuyutí, que durante la semana cierra a la hora de la siesta. El trato con los clientes es personal, y mientras prepara los cortes, Cristian Tarsitano, el encargado, contesta los pedidos por teléfono para el asado del domingo. "A ver qué te puedo conseguir, Norberto", responde.



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