Chacarita: Detrás de escena

El Complejo Teatral de Buenos Aires inauguró un centro de vestuario, con trajes usados por grandes como Alfredo Alcón. No se trata de diseñar un vestido sino de crear a una nueva persona. La frase del diseñador de vestuario Jeffrey Kurland se destaca en una de las paredes del nuevo Centro de Vestuario del Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA) inaugurado en el barrio de Chacarita, donde ya existía un depósito que fue remodelado y ampliado.


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Chacarita: Detrás de escena (Click en la foto)
27/5/15

Plumas, pieles, hilos dorados, brocato. Los muros altísimos, especialmente acondicionados para luchar contra la humedad –uno de los principales factores de corrosión de las telas– se angostan en pasillos repletos de trajes, muchos de ellos creados por los más destacados vestuaristas locales para las puestas del San Martín, en cuyos talleres se confeccionan las ropas de los personajes.

“Acá tiene que ser como en el súper: si quiero manteca, voy a la sección de lácteos”, señala Paula Zingoni, una de las responsables de este proyecto que contó con el impulso de la Fundación Amigos del Teatro San Martín, los ministerios de Cultura y Desarrollo Urbano y la iniciativa de la propia gente del teatro, encabezados por Aníbal Duarte, jefe de Sastrería.

Aunque aclara que no se trata de una sala de exposición del teatro sino de un depósito, Zingoni anticipa que el centro va a tener visitas al público. Estos recorridos guiados comenzarán a realizarse próximamente, una vez por semana y en forma gratuita.

Definir las mejores formas de clasificación, de identificación, de archivo, el acondicionamiento correcto de las prendas y guardado de preservación: los desafíos del proyecto fueron numerosos y el debate que suscitó es fascinante en las palabras entusiastas de las organizadoras.

El volumen de la colección de vestuario del CTBA es impactante: incluye más de 30.000 modelos. Es tres veces más numerosa que la del Museo Nacional del Traje.

Capelinas, hileras de trajes de novia, mallas de cota pesadísimas, hábitos de monje medieval, capa de rey, capa de pobre. Los trajes se acomodan en los estantes o cuelgan como formas vacías, personajes inanimados que algún día volverán a deslumbrar bajo los reflectores del escenario.

Tesoros artesanales

El depósito cuenta con una superficie de 600m2. Fue construido especialmente de acuerdo con las normas internacionales de conservación de textiles y acondicionado para atesorar trajes únicos, de gran valor patrimonial.

La colección incluye prendas que fueron utilizadas por figuras como: Alfredo Alcón, Elena Tasisto, Gianni Lunadei, Leonor Manso, Claudia Lapacó y Joaquín Furriel, entre otros.

Desde vitrinas en la entrada se exhiben piezas como el vestido diseñado por Jorge Ferrari para la bailarina Carolina Capriati, el traje para Boquitas Pintadas creado por Renata Schussheim o el chaleco lucido por Lucía Alfonsín, la nieta del presidente, en la puesta de El jardín de los cerezos.

Novedosamente instalados en contenedores, en un guiño a los antiguos dispositivos de almacenamiento del vestuario, seis sectores especialmente ambientados están destinados a mostrar el trabajo de los creadores: Renata Schussheim, Jorge Ferrari, Eugenio Zanetti, Graciela Galán, Nene Murúa y Mini Zuccheri.

Esta muestra incluirá material audiovisual, testimonios en video de los vestuaristas, prendas originales, bocetos y referencias de las obras que motivaron la creación de cada uno de los trajes exhibidos.

“A medida que voy leyendo el texto de la obra ya voy pensando qué color está pidiendo”, explica la diseñadora Mini Zuccheri desde la pantalla de uno de los exhibidores en la que se reproduce en loop su testimonio.

Ella, como el resto de los vestuaristas, revelan algunos detatalles de ese mágico proceso de creación que se traza desde las imágenes del texto dramático hasta la primera puntada.



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